La Unión Mercantil
Sábado 29 de Marzo de 1913
UN HOMBRE MUERTO Y OTRO HERIDO
En Málaga, a pesar del crecido número de automóviles que hay, no habíamos tenido nunca que lamentar una desgracia causada por dichos vehículos.
Claro está que ha habido varios atropellos, pero estos, por fortuna, carecieron siempre de importancia y los atropellados solo sufrieron, cuando más, lesiones de pronóstico reservado.
El suceso de ayer, es, por lo tanto, el primero de importancia que tenemos que lamentar, y ojalá que sea el último.
Ocurrió en las primeras horas de la tarde, sobre la una y media, en el sitio conocido por las Casillas de Morales, del Camino de Casabermeja.
Según nuestras noticias, lo ocurrido fue lo siguiente:
Francisco Merino Merino «chauffeur» de la señora doña Pilar Tirado, Marquesa de Blanco Hermoso, había notado que el automóvil no funcionaba del todo bien.
Temeroso de que por esta causa ocurriese cualquier accidente una de las tardes que la señora sale de paseo, ayer decidió hacer unas pruebas por el Camino de Casabermeja, para ver si notaba lo que le ocurría al automóvil.
Así lo hizo, acompañado de Sebastián Azuaga Ramos, de Canillas de Albaida, de 28 años, casado y con domicilio en la calle de Mariscal, núm. 12.
Juntos fueron en el auto por el Camino de Casabermeja, y al regresar, volcó el vehículo, sin que a ciencia cierta, se sepan las causas del accidente.
Azuaga fue despedido del auto y el pobre Merino fue encontrado debajo del marcha pies del coche.
Ambos fueron llevados sin pérdida de tiempo a la casa de socorro de la calle Mariblanca, donde el médico de guardia los reconoció detenidamente.
El «chauffeur» presentaba una conmoción cerebral, de pronóstico grave.
Azuaga tenía tres heridas en la cabeza y en la frente y varias erosiones en la cara.
Como estas lesiones no eran graves, después de ser curado de primera intención en el benéfico establecimiento mencionado, pasó Sebastián Azuaga a su domicilio.
El estado del pobre Merino inspiró desde un principio serios temores.
Por tal motivo, se le condujo cuidadosamente al Hospital Civil, para que quedase encamado en el mismo.
Al ingresar en este benéfico establecimiento, era su estado tan grave, que se dispuso que le administrasen los últimos Sacramentos.
Poco después entregaba el malogrado joven su alma a Dios.
Francisco Merino era hijo del dueño del Garaje instalado en la calle de don Tomas Heredia, de su mismo nombre, solo contaba 18 años de edad y habitaba en la casa número 30 de la mencionada calle.
El automóvil resultó con algunos desperfectos de consideración.
Del suceso relatado, se dio cuenta al señor juez instructor del distrito correspondiente.
Nota histórica: Es curioso observar el lenguaje de la época, como el uso de la palabra "chauffeur" (chófer) y el hecho de que se considerara un evento excepcional por la poca frecuencia de accidentes de coche en 1913.
















